La enfermedad mujeril

Publicado 21-11-2020

Extracto:

Los antiguos griegos los llamaban nómadas que quiere decir “errantes en busca de pastos”; estas gentes vivían en estepas áridas. Estos nómadas eran guerreros muy hábiles y grandes jinetes; pero eran considerados salvajes ya que eran cazadores-recolectores; no eran agricultores ni constructores; prácticamente arrasaban las ciudades por donde pasaban.

Los griegos los llamaron escitas. Estos guerreros cortaban las cabezas de todos los que mataban durante la batalla: “desuellan los cráneos con una perfecta escisión circular alrededor de las orejas, empuñan los cabellos y sacuden las cabezas para extraer la piel”. Su vida vagabunda llevó a los escitas a la Siria Palestina; ahí los pobladores suplicaron que no saquearan ni destruyeran el templo de Venus, diosa de la fertilidad y fecundidad; para su mala suerte no escucharon esos ruegos, destruyeron el templo y sobre ellos cayó una maldición eterna que se transmitió de generación en generación. La diosa se vengó de los profanadores de su templo enviándoles a ellos y a sus descendientes la “enfermedad mujeril” o afeminamiento, un tipo de impotencia que los convirtió en eunucos. Una vez que perdieron su voluntad belicosa, dedicaron su tiempo al arte adivinatorio como seres hermafroditas brujos o magos.

Fue Hipócrates (460-370 a.C) por muchos considerado el padre de la medicina, quien intentó explicar esta calidad de eunuco desde un punto de vista médico racional. Hipócrates pensó que lo afeminado de estas personas se debió a que practicaron como nómadas la equitación; y de tanto montar a caballo se destruyeron los testículos y la capacidad de producir semen, por eso son impotentes y aletargados, sin deseo de unirse a las mujeres, tornándose melancólicos, orillados a la brujería, travestismo y uso de drogas alucinantes. Hoy en el siglo 21, sabemos que se trató de un malentendido.

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