Como dos chivas locas

Publicado 21-11-2020

Extracto:

Los chamacos fisgaban entre el bosque de piernas: —Pero le diré a mamá que fuiste a bailar y le agarraste dinero de encima de la repisa —amenazaba la Bembas.—Tú sabes que le pedí prestado al Efraín —reviró la Molote—: es puro ardor porque a ti no te invitó el Mugres a la fiesta.—Al fin que ni quería ir… Aunque sí, sí me invitó… Te crees tan especial.—Quítame el cuchillo de enfrente, no seas cabrona.—Para que conmigo no te metas o te mando al panteón…—A la cárcel te estarías mandando solita, pendeja: guarda ese cuchillo.En la vecindad unifamiliar todos curioseaban, pedían serenidad a la Bembas, la más “panchera”: creía que tooodas le ambicionaban al marido, tooodas le tenían envidia, tooodas la mal miraban, todas, y no le quedaba otra que poner alto a la situación y a quien no le gustara, que le brincara:—Son buenas para hablar a las espaldas de una, pero a ver: quién dijo yo.

La Bembas hizo lo mismo y como dos chivas locas se zarandearon por todo el patio del vecindario, sin importar que sus pantaletas quedaran al descubierto, para felicidad de los escasos varones presentes. La Molote la sometió montándose sobre de ella y le propinó cachetadas una y otra vez, hasta que los lagrimones mojaron las mejillas de la Bembas, que impotente reparaba como yegua enfurecida sin lograr quitarse de encima a la contrincante.

Paola y Edith contuvieron a la Bembas y la Molote aprovechó para atinar un derechazo en la punta de la nariz y atolondrarla.—¡Pero si son hermanas!, ¿qué no pueden arreglarse por las buenas, a wevo tienen qué masacrarse, condenadas?

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